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domingo, 10 de febrero de 2013

NIÑEZ


Mi abuela sembraba grietas en el balcón antiguo,
y por ese balcón yo entraría a la selva de sus relatos.
Durante el día mi madre  nos enseñaba dibujo, pintura, modales, escritura.
Entonces era un niño que sostenía en las manos un elefante de oro.
¿Qué triángulo se dibujaba en el verano de las noches
entre mi madre, mi abuela y yo?
¿en qué abismos se apoyaban los vértices
cuando los bordes que se estiraban como elásticos
me hacían saltar más allá del asombro.
Después lo supe, no existen los colores, las retinas se maravillan
ante la luz
.
r.a.merlo