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miércoles, 6 de febrero de 2013

EL ESCRIBA




El escriba anotaba la palabra   “sol” en todas sus acepciones, pensando que sería el recurso más adecuado para otorgar luminosidad a su escritura.
A diario abusó del desvalido diccionario, devorando tantas palabras como fuera posible, hasta que una noche la palabra dentellada”, aun sin usar, lo atacó ferozmente.
Para él, que nunca ocupó lugar alguno, para él, que ni siquiera se preguntaba qué es un lugar, vivir en un grano de arena sería más valioso que para nosotros habitar nuestro  mundo. Después de todo, pensaba,  el universo quizás fuera apenas algo más que un grano de arena.
A menudo sentía la culpa como un extraño vampiro, que en los atardeceres emite ultra silencios, para clavar sus colmillos en el lugar más bullicioso de su sangre.
Su mujer, como tantas, no lograba comprender  que la Venus de Milo diera a luz criaturas de brazos  tan perfectos.
roberto a. merlo