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miércoles, 20 de marzo de 2013

¿EXISTE LA BELLEZA?




En algún momento me he hecho la pregunta. ¿Existe o es una invención nuestra?
No es fácil contestar  en términos filosóficos, pero sí plantearse como un ser humano más,  el interrogante en busca de una respuesta.
Basta sólo mirar un paisaje que nos atrae, una pintura que nos gusta, leer algo muy bien escrito, una mujer joven que pasa, o mejor que dialoga con nosotros (para las mujeres comúnmente vale un hombre joven), escuchar un tema musical, la voz de alguien que sepa llegar al corazón con su timbre de voz y su convicción al cantar, una obra de arte en cualquiera de sus manifestaciones, un perfume embriagador, unas flores lozanas y de armoniosos colores, y muchas cosas más   para contestarse:
       --Sí, existe.

Pero  es indudable que la simpatía puede predominar sobre la belleza física. Preferimos más unas facciones no perfectas del punto de vista de las proporciones y sí la atracción que produce una personalidad equilibrada, comprensiva, que sepa apreciar  los valores ajenos, que manifieste los propios, y sobre todo que tenga una moral sana.

Cuando se trata de  una buena voz y una feliz interpretación, se conjugan al ver   el video de   Paula  Fernandes :   “Näo Precisa”  .
Cantante pop brasileña, joven, bonita, muy buena voz, una voz educada desde los ocho años.  Actualmente tiene 25 años.
roberto a. merlo

“NÄO  PRECISA”
Dices dice que no necesitas
Vivir soñando tanto
Que vivo para hacer
Demás, por ti...

Dices que no necesitas
Cada vez que canto
Una canción de más, para ti

Pero tiene que ser así
Para ser de corazón
No digas no necesitas
Ah ah ahh

Tiene que ser así
Es tuyo mi corazón                                                                  
No digas no necesitas                                                
Ah ah ahh

(Victor y Leo)
Yo ya soñé con la vida
Ahora vivo un sueño
Pero vivir o soñar
Contigo, es igual

No digas no necesitas
Yo digo que es preciso
La gente se ama demasiado
Nada de más

Pero tiene que ser así
Para ser de corazón
No digas no necesitas
Ah ah ahh

Tiene que ser así
Es tuyo mi corazón
No digas no necesitas
Ah ah ahh

 

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jueves, 7 de marzo de 2013

¿QUÉ NOS PASA?




Hay un país que era democrático cuando tres partes de Europa no lo eran, un país que era uno de los más prósperos de la Tierra cuando América Latina era un continente pobre.  Acabó con el analfabetismo,  con un sistema educativo que era un ejemplo. Ese país,  era   de vanguardia.
Hoy, está empobrecido, caótico y subdesarrollado.
Es claro, estamos hablando de Argentina.
 Suficiente ver la posición que ocupa en el ranking mundial.
 ¿Alguien lo invadió?  No, nosotros  hicimos eso,  elegimos a lo largo de medio siglo las peores opciones, el error, y perseveramos en el error a pesar de las catástrofes que  han ido sucediendo.
Un país  culto, producto de la personalidad de Sarmiento, Alberdi, Roca,  privilegiado con un clima diversificado, con pocos habitantes en un enorme territorio, en un continente  que concentra  todos los recursos naturales.
¿Por qué no estamos al nivel de Suecia o  Suiza?
Porque  elegimos ser pobres, vivir bajo dictaduras,  desentendernos de la educación, con un pésimo comercio exterior. Perdimos un país de clases medias, donde no había pobres en el sentido latinoamericano de la pobreza.  Ahora hay una   degradación política e intelectual.
 Hemos perdido miles de oportunidades,  RETROCEDIDO EN EDUCACIÓN, no producimos, no alentamos la industria privada, degradamos al campo, origen de nuestra prosperidad.
Cortos de vista,  nos conformamos con el fútbol.


lunes, 25 de febrero de 2013

ANSIAS




Uno puede mezclar igual el whisky con la menta,  diluir de todos modos azúcar en el café, y  sin caer, continuar dando pasos.
La boca no por ello renunciará a su oficio de sonreír.
El sueldo se cobrará más o menos puntualmente, y el invierno, casi siempre nos encontrará vestidos.
Uno, que se pasó la vida haciendo tratos con  los santos, negociando con los pájaros,
ansía arrancarle una  sonrisa  a los  ojos de  la vida,   y seguir mezclando whisky con la menta,  y seguir luchando, y seguir sonriendo.

roberto a. merlo

sábado, 16 de febrero de 2013

CIRCO



   Somos  humanos, pero hay un porcentaje    con ropas,  con un  ligero barniz que los cubre;  un término medio, y  otro  pequeño, donde la humanidad es notoria.


 Pedaleando  entre  tanto  gris  del  barrio ,  se  encontró   con  el  circo.   Nunca  había  espiado un  circo.  Apoyó  su  bicicleta  en  la  valla  amarilla,  y comenzó a  sentir que el viento le borraba las costumbres, le despejaba el cansancio,    desandaba  vejez y  aburrimiento.  En ese hueco del recuerdo,  el viento rebotaba en una y otra jaula como  en su infancia.
      Se  topó  con  acróbatas,    leones  cabizbajos,   una  pantera  que  dormía.   Volvió  al  día  siguiente  y    todas  las  mañanas ,  a  veces  por  la  tarde.   El  guardián  sonreía  al  verlo  llegar.   Espió  vaivenes  de   payasos,   ensayos  de   acróbatas,   y  sintió  tristeza  por  los  animales  en  cautiverio.  Su  cara  flaca  y  arrugada      formó  parte  de  la  valla  perimetral   del  lugar.  
        Lo  dejaron  franquear  el  portón  de  entrada.  Él  se  apoyó  en  la  barra  de  hierro próxima   a  los  jaulones,  y  miró   a  los  felinos.   Al  cuidador  no  le pareció extraño,  había comprendido  que   se  sentía  vinculado  a  los  animales,   que   algo    lejano  en  el  tiempo  lo unía a ellos. 
     Participaba  en  la  alimentación  de  perros  monos  y  leones,   mientras  conversaba  con  ellos.  Entonces veía a los  felinos    amontonados  en  el  mezquino  piso  de  madera ,   mirando  con  ojos  turbios  a  los  que  se  acercaban,   apoyando  la  cabeza  contra  los  barrotes.  
    Avergonzado,   sentía  la injusticia  de   esos  cuerpos  inmóviles  y  silenciosos,  aplastados  en  el  piso.  Imaginaba  al  león  más joven  en un mundo verde y exuberante, donde sobraba el espacio.  Veía  su  cuerpo elástico  y  sigiloso  condenado  a  la  inmovilidad.
     Apoyado en la barra, intentaba penetrar la expresión ausente, buscaba acercarse a los ojos enormes, ingresar a ese mundo salvaje. Ellos lo miraban, inmóviles, orientando sus orejas, olfateando.  Tal vez captaban su esfuerzo por entender lo impenetrable de sus vidas. Los animales  lo reconocían,  lo toleraban.  Los leones movían  los  enormes  dedos  de  una  u  otra  pata,  clavando  las  uñas  en  la  madera.  Los  jaulones  eran  tan  chicos,  que  apenas  giraban  el cuerpo  daban  contra  los  barrotes. 
Esa inmovilidad  obligada    hizo  que  se  acercara  atraído,  la  primera  vez  que  los  vio.   Era   peor  que lo   observado  de  niño    en  las grutas  de  piedra  del Jardín de Niños. .
      Al fin creyó  entender  la actitud  secreta  que  expresaban :   transgredir  el  tiempo  con  una  postura  indiferente.  El  movimiento  repentino  de  sus  garras  contra  la  madera    le  probó  que  eran  capaces  de  evadirse  de  esa  apatía    en la  que  se  sumergían  horas  enteras.  
      Lo  obsesionaban    sus  ojos,   la  delgada  línea  vertical  y  negra  en  el  globo  amarillo  verdoso,   su  profundidad,  que  paulatinamente parecía  menos insondable.
        Entonces percibió  que  se  estaban  acercando.  
        No  hubo  nada  de  extraño,    eso tenía  que  ocurrir.   Cada  vez el  reconocimiento  era  mayor.   Cada  fibra  de  su  cuerpo  sufría  una  tortura indecible,   un  sufrimiento  rígido  en  el  piso  de  la  jaula.   Espiaba  algo,  un  remoto  tiempo  de  libertad  amordazada  en  que  el  señorío  había  sido  de  los  leones.  
       Volvió  muchas  veces   atormentado.   Ellos  y  él  lo  sabían.   Su  cara  pegada  a  los  barrotes,  sus  ojos  comprendiendo    el  misterio  de  esos  otros  ojos.  
      Sin  violencias ,  sin  sorpresa,   el  león  recuperó   el   brillo  en  su  mirada  y  la  elasticidad  de  su  cuerpo.    

      Los  vecinos  notaron    la   ausencia de don Francisco.   A nadie le pareció extraño que    en los ojos de uno de los leones, sonriera don Francisco.
roberto a. merlo

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domingo, 10 de febrero de 2013

NIÑEZ


Mi abuela sembraba grietas en el balcón antiguo,
y por ese balcón yo entraría a la selva de sus relatos.
Durante el día mi madre  nos enseñaba dibujo, pintura, modales, escritura.
Entonces era un niño que sostenía en las manos un elefante de oro.
¿Qué triángulo se dibujaba en el verano de las noches
entre mi madre, mi abuela y yo?
¿en qué abismos se apoyaban los vértices
cuando los bordes que se estiraban como elásticos
me hacían saltar más allá del asombro.
Después lo supe, no existen los colores, las retinas se maravillan
ante la luz
.
r.a.merlo

miércoles, 6 de febrero de 2013

EL ESCRIBA




El escriba anotaba la palabra   “sol” en todas sus acepciones, pensando que sería el recurso más adecuado para otorgar luminosidad a su escritura.
A diario abusó del desvalido diccionario, devorando tantas palabras como fuera posible, hasta que una noche la palabra dentellada”, aun sin usar, lo atacó ferozmente.
Para él, que nunca ocupó lugar alguno, para él, que ni siquiera se preguntaba qué es un lugar, vivir en un grano de arena sería más valioso que para nosotros habitar nuestro  mundo. Después de todo, pensaba,  el universo quizás fuera apenas algo más que un grano de arena.
A menudo sentía la culpa como un extraño vampiro, que en los atardeceres emite ultra silencios, para clavar sus colmillos en el lugar más bullicioso de su sangre.
Su mujer, como tantas, no lograba comprender  que la Venus de Milo diera a luz criaturas de brazos  tan perfectos.
roberto a. merlo

viernes, 25 de enero de 2013

SEPTIMA, HECHICERA


Séptima fue esclava bajo el sol africano, en la ciudad de Hadrumeto. Y su madre Amoena fue esclava, y la madre de ésta fue esclava, y todas fueron bellas y obscuras, y los dioses infernales les revelaron filtros de amor y de muerte. La ciudad de Hadrumeto era blanca y las piedras de la casa donde vivía Séptima eran de un rosa trémulo. Y la arena de la playa estaba sembrada de conchillas que arrastra el mar tibio desde la tierra de Egipto, en el lugar donde las siete bocas del Nilo derraman siete limos de diversos colores. En la casa marítima donde vivía Séptima, se oía morir la franja de plata del Mediterráneo y, a sus pies, un abanico de líneas azules resplandecientes se desplegaba hasta al ras del cielo. Las palmas de las manos de Séptima estaban enrojecidas por el oro, y las puntas de sus dedos pintadas; sus labios olían a mirra y sus párpados ungidos se estremecían suavemente. Así iba por los caminos de las afueras, llevando a la casa de los sirvientes una cesta de panes tiernos.
Séptima se enamoró de un joven libre, Sextillo, hijo de Dionisia. Pero no les está permitido ser amadas a aquellas que conocen los misterios subterráneos, ya que están sometidas al adversario del amor, que se llama Anteros. Y así como Eros gobierna el centelleo de los ojos y aguza las puntas de las flechas, Anteros desvía las miradas y atenúa la acritud de los dardos. Es un dios bienhechor que mora en medio de los muertos. No es cruel, como el otro. Posee el nepente que da el olvido. Y porque sabe que el amor es el peor de los dolores terrestres, odia y cura el amor. Sin embargo, no tiene el poder de echar a Eros de un corazón ocupado. Entonces toma el otro corazón. Así Anteros lucha contra Eros. Por esto fue que Sextillo no pudo amar a Séptima. Tan pronto como Eros hubo llevado su antorcha al seno de la iniciada, Anteros, irritado, se apoderó de aquel a quien ella quería amar.
Séptima supo del poder de Anteros en la mirada baja de Sextillo. Y cuando el temblor púrpura aferró al aire de la tarde, salió por el camino que va desde Hadrumeto hasta el mar. Es un camino apacible donde los enamorados beben vino de dátiles recostados en las murallas pulidas de las tumbas. La brisa oriental sopla su perfume sobre la necrópolis. La joven luna, todavía velada, va allí a vagabundear, incierta. Muchos muertos embalsamados alardean alrededor de Hadrumeto en sus sepulturas. Y allí dormía Foinisa, hermana de Séptima, esclava como ella, muerta a los dieciséis años, antes de que ningún hombre hubiese respirado su olor. La tumba de Foinisa era estrecha como su cuerpo. La piedra abrazaba sus senos oprimidos por vendas. Muy cerca de su frente baja una larga losa cortaba su mirada vacía. De sus labios ennegrecidos se elevaba todavía el vapor de los aromas en que la habían empapado. En su mano quieta brillaba un anillo de oro verde con dos rubíes pálidos y turbios incrustados. Soñaba eternamente en su sueño estéril con las cosas que no había conocido.
Bajo la blancura virgen de la luna nueva, Séptima se tendió junto a la tumba estrecha de su hermana, contra la buena tierra. Lloró y pegó su rostro a la guirnalda esculpida. Acercó su boca al conducto por donde se vierten las libaciones y su pasión brotó:
-Oh, hermana mía, apártate de tu sueño para escucharme. La pequeña lámpara que ilumina las primeras horas de los muertos se apagó. Has dejado deslizar de tus dedos la ampolla de vidrio coloreada que te habíamos dado. El hilo de tu collar se rompió y los granos de oro se derramaron alrededor de tu cuello. Ya nada de nosotros es tuyo y ahora aquel que tiene un halcón en la cabeza te posee. Escúchame, pues tú tienes el poder de llevar mis palabras. Ve a la celda que tú sabes y suplícale a Anteros. Suplícale a la diosa Hator. Suplícale a aquel cuyo cadáver despedazado fue llevado por el mar en un cofre hasta Biblos. Hermana mía, ten piedad de un dolor desconocido. Por las siete estrellas de los magos de Caldea, yo te conjuro. Por las potencias infernales que se invocan en Cartago, Jao, Abriao, Salbaal y Batbaal, recibe mi encantamiento. Haz que Sextillo, hijo de Dionisia, se consuma de amor por mí, Séptima, hija de nuestra madre Amoena. Que arda en la noche; que me busque junto a tu tumba. ¡Oh, Foinisa! O llévanos a los dos a la morada tenebrosa, poderosa. Ruega a Anteros que enfríe nuestros alientos si le niega a Eros que los encienda. Muerta perfumada, acoge la libación de mi voz. ¡Ashrammachalada!
Inmediatamente, la virgen vendada se levantó y penetró en la tierra mostrando los dientes.
Y Séptima, avergonzada, corrió por entre los sarcófagos. Hasta la segunda noche permaneció en compañía de los muertos. Espió a la luna fugitiva. Ofreció su garganta a la mordedura salada del viento marino. Fue acariciada por el primer oro del día. Después volvió a Hadrumeto y su larga camisa azul flotaba detrás de ella.
Mientras tanto, Foinisia, rígida, erraba por los circuitos infernales. Y aquel que tiene un halcón en la cabeza no escuchó su ruego. Y la diosa Hator permaneció tendida en su funda pintada. Y Foinisia no pudo encontrar a Anteros, pues ella no conocía el deseo. Pero en su corazón mustio sintió la piedad que los muertos tienen para con los vivos. Entonces, a la segunda noche, a la hora en que los cadáveres se liberan para consumar los encantamientos, hizo que sus pies atados se movieran por las calles de Hadrumeto.
Sextillo temblaba acompasadamente, agitado por los suspiros del sueño, con el rostro vuelto hacia el techo de su habitación surcado de rombos. Y Foinisia, muerta, envuelta en las vendas olorosas, se sentó a su lado.
Y ella no tenía ni cerebro ni vísceras; pero su corazón desecado había sido puesto de nuevo en su pecho.
Y en ese momento Eros luchó contra Anteros, y se apoderó del corazón embalsamado de Foinisia. En seguida deseó el cuerpo de Sextillo, para que estuviese acostado entre ella y su hermana Séptima en la casa de las tinieblas.
Foinisia posó sus labios tintados en la boca viva de Sextillo y la vida escapó de él como una burbuja. Después se encaminó a la celda de esclava de Séptima y la tomó de la mano. Y Séptima, dormida, se dejó llevar por la mano de la hermana. Y el beso de Foinisia y el abrazo de Foinisia hicieron morir, casi a la misma hora de la noche, a Séptima y a Sextillo. Tal fue el desenlace fúnebre de la lucha de Eros contra Anteros; y las potencias infernales recibieron una esclava y un hombre libre al mismo tiempo.
Sextillo está acostado en la necrópolis de Hadrumeto, entre Séptima, la encantadora, y su hermana virgen Foinisia. El texto del encantamiento está inscripto en la placa de plomo, enrollada y perforada por un clavo, que la encantadora deslizó por el conducto de las libaciones en la tumba de su hermana.
                                                      Marcel Schwob


 Escritor simbolista francés nacido en Chaville, uno de los escritores más refinados y cultos de su tiempo. La brevedad de su vida no le impidió desarrollar una obra singular y personal. Alternando la creación con la crítica y con la reconstrucción de leyendas medievales, dejó estudios memorables sobre algunos escritores. Jorge Luis Borges escribió que Vidas imaginarias (1896) de Marcel Schwob, fue el punto de partida para su narrativa. Otras obras suyas son, Doble corazón (1891), Le roi au masque d'or (1892), Mimos (1893), El libro de Monelle (1894) y La cruzada de los niños (1896). Orfebre sutil y poético del lenguaje.