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sábado, 18 de mayo de 2013

APENAS







Con mis dos piernas, sin sombrero, y quizás alguna moneda en el bolsillo, salgo a tomar aire, e intento aceptarme como un apenas.
Es invierno, y aunque el sol raspe las ventanas, los pájaros   esperan mejores épocas, no están  convencidos, no saben del almanaque, aunque la quietud  les aletargue el pulso.
La nostalgia no renuncia a sus sofismas, y debo contentarme con  soñar que ella esta conmigo, para sentirme otra vez en este mundo.
He ensayado  palabras  para  decirle, pero debo conformarme con acariciarle la mejilla a la ternura, y esperar  que  salgan como pájaros inquietos a  espiar sus pasos,   y luego la elocuencia  me acompañe.
Soy un pájaro  y  necesito que me acompañe  en el sendero azul,    recorriendo  lugares   frente al brillo  del  río,  para mirar el atardecer y la salida de la luna asomándose desde las islas
Sentados en el   banco de  una plaza   veremos  entre las ramas de los eucaliptos y los sauces,  las torcazas que se persiguen en silencio.
Tomaremos unos mates,  uno cebado a río creciente, otro tangueado al verre,  otro  cronopiado con honores franceses,   chupado en  ella, acentuado en ella, rebelde en ella,  legitimado en ella...


roberto ángel merlo